Estos son algunos de los libros que he leído en 2016.
La isla de Alice, Sánchez Arévalo

El mundo de Sofía, Gaarder
Alicia en el país de las maravillas, Carroll
El Alquimista, Coelho
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Dick
Solaris, Lem

Un día cualquiera, así porque sí, el universo decide juntar de nuevo dos caminos distanciados por años luz, que años atrás fueron inseparables.
Una amiga mía, nada más terminar de leer la primera parte de esta entrada (Change I), me dijo taxativamente: "me gusta lo que dice, pero yo creo que las personas no cambian". Tras los oportunos escalofríos, me dispuse a indagar y analizar qué es lo que fallaba. Por cuál de los agujeros se estaba escapando el agua, por cuál persiana estaba entrando la luz.
Ya es demasiado tarde. El tiempo se ha agotado. No cabe esperanza alguna. No existe ya posibilidad ninguna. Nada de lo que pueda hacer cambiará las cosas. No hay solución posible. Cualquier intento tornará en vano. De la misma manera que intentar detener un disparo utilizando una hoja de papel como escudo. Como intentar retener el sonido de una canción en una botella de plástico. Como enviar en una carta el sabor de un plato elaborado. Como intentar fotocopiar un sentimiento a todo color. Intentos inútiles.
Cartas y llamadas.
No he tardado mucho en encontrar uno.
Serían principios, o incluso mediados, de la década de los 90. Mi "yo" actual aún no existía. Se empezaban a definir las líneas de un anteproyecto de mi, algo alejado, debo decir, de en lo que me he convertido. Una de esas líneas, marcada con un grueso trazo, definía mi sentido de la responsabilidad y el deber, un fuerte sentido no ajustado a mi edad en aquella época. Era un pardillo, vamos.
El año pasado, por estas fechas, decidí matricularme en 1º de francés en la escuela de idiomas de mi ciudad. ¡Bien por mi! Fue una mezcla de varias cosas. No abandonar los hábitos y ámbitos académicos, por un lado. Afrontar potenciales proyectos futuros empresariales, por otro lado. Dudé entre inglés y francés. Cuatro horas semanales darían un mayor fruto en un lenguaje apenas conocido por mi. Sentí que sería más gratificante y útil pasar de 0 a 1 en francés, que de 7 a 7,1 en inglés.
El otro día, un amigo mío mantuvo una conversación con su novia (en diferido, vía muro) por facebook. Era algo trivial, no recuerdo bien. -¿Necesitas algo? -Traeme esto o aquello... Me llamó la atención.


Érase una vez una niña que era muy maja y se llamaba Vicky. Un día se encontró un perro hablador entre los arbustos de su jardín. Vicky se extrañó porque era como mágico, y de pronto dice: -Hola. Entonces Vicky se quedó alucinada, como al lado de su casa hay una tienda de animales, sucia y medio abandonada fue a ver, entro y era tan bonita que se quedó más y se fijó tanto que descubrió que era una tienda mágica. Dejó al perro y fue a verle todos los días.
Esta mañana me levanté temprano. ¡Bien! Desperezarse con todo el tiempo del mundo, sin prisa alguna, es agradable. Llegué al baño y tras aplicarme espuma me dispuse a afeitarme. Con la primera incisión de la cuchilla me corté... en la nariz. Sí, sí, en la nariz. No dispongo de moviola para ver qué cojones he hecho para cortarme en la nariz. Y claro, me he puesto a sangrar como un cerdo el día de su calvario gastronómico. Pensé que hoy no sería un buen día. Porque hay días que sí, y días que no.
Un amigo mío me envió una invitación virtual para poder instalarme un programa de música online. En ese momento no le hice mucho caso, pero a día de hoy este programa me ha conquistado. Os hago extensible aquí la invitación (a modo de panfleto publicitario).
